Meditación

Meditación es la mente en ausencia de pensamientos, establecida en el presente y fluyendo con lo que venga. Sucede espontáneamente, como consecuencia de la intención, la postura y de la intensificación de la conciencia.

Tiene grandes efectos terapeuticos: elimina el estrés, reconfigurando el cerebro de forma permanente. Potencia el sistema inmune y las emociones positivas, da mayor adaptabilidad ante los acontecimientos, equilibra los hemisferios, equilibra los sistemas nerviosos simpáticos y parasimpáticos. Las ondas cerebrales bajan a su cota mínima, el sistema nervioso se relaja profundamente. Tocar a alguien estando en profunda meditación es sanar profundamente. Estar en estado de meditación es sanar profundamente.

Todo empieza por el desarrollo de la atención. Meditamos sin una meta, desarrollando la comprensión. Lo que sucede es justo lo que tiene que suceder.

Al meditar generamos una actitud sin implicación, contactando con la Conciencia Testigo, sin apego ni aversión. Cualquier cosa que surja a cualquier nivel simplemente lo observo, sin dejarme llevar por ello. Sin expectativas, desarrollando la paciencia y la atención. La primera paciencia es con nosotros mismos, con nuestras sensaciones, pensamientos y emociones durante la sesión. Esto se va haciendo poco a poco expansivo a todo nuestro entorno, a las personas y los eventos que nos suceden en la vida. Desarrollamos paciencia, tolerancia, flexibilidad y resiliencia.

Hay dos principales tipos de meditación:

  • SAGUNA, con soporte
  • NIRGUNA, sin soporte

Recuerda que si ser escuchado es ser sanado, ser escuchado desde la quietud y compartiendo el estado de meditación, es ser sanado profundamente. Esto es la terapia biodinámica craneosacral en su esencia.

SAGUNA, el practicante se concentra en algo mientras medita, este algo puede ser la sensación de la respiración, contar las respiraciones, un mantra, un mandala, una imagen o las sensaciones en alguna parte del cuerpo. En esta meditación la conciencia se funde con el objeto, la atención se fija en algo.

También son meditación saguna las meditaciones guiadas, en las cuales solo hay que ir llevando la atención a aquello que vamos oyendo.

Es el método más interesante para empezar, pues al comenzar a meditar se empiezan a purificar las capas de tensión en los cuerpos físico, mental, emocional y energético. Y estas purificaciones pueden surgir con dolores, molestias o emociones. Y observar estas sensaciones sin reaccionar nos ayuda a estar presentes, en la meditación y en la vida.

NIRGUNA, el practicante  medita sin nada que sujete su atención. A veces se pueden incluir valores espirituales como la impermanencia, el vacío, el absoluto, la compasión. Es la presencia de la conciencia sin foco. Es mejor acometerla cuando se tiene experiencia.

Una vez que el practicante tiene experiencia, la meditación puede empezar con saguna y terminar con nirguna.

La postura es muy importante. La postura birmana es la más habitual: sentado en el suelo, con un cojín bajo el coxis, piernas cruzadas, rodillas en el suelo, hombros abajo y atrás, pecho erguido, cabeza en línea con la columna, respiración libre en el abdomen. Procura que tu base tenga tres puntos de apoyo: el coxis, los ísquiones y las rodillas. Luego es importante alinear bien la columna y dejar la cabeza en línea con el cuerpo.

También podemos meditar en una banqueta o silla. La espalda sin apoyarse, la columna alongada, la cabeza en línea, las piernas paralelas y los pies firmemente apoyados en el suelo.

Y en caso de no poder asumir ninguna de estas posturas, se puede meditar tumbado, con los brazos a lo largo del cuerpo y las palmas de las manos hacia fuera, las piernas ligeramente separadas y quizá con un cojín bajo las corvas.

“En verdad todos tenemos una sola voz y ésa es la voz de Dios, la voz de la Verdad. Reside en el interior de cada uno de nosotros. Lo que necesitas es aprender más acerca de esta voz, la voz de la Verdad, la voz de Dios. Luego, debes incorporar lo que te parece tu propia voz a la voz de la Verdad, hacer que se funda con la voz de la Verdad. Lo llevas a cabo por medio de la meditación. Hace falta que purifiques lo que te parece tu propia voz, la voz que no te ha llevado por el buen camino. No hace falta que disciernas entre tu voz y la de la Verdad: hace falta que haya unidad entre ellas. El habla emerge de la nada pura, del silencio profundo. En ese silencio habita la voz de la Verdad. Así, pues, cuando meditas, cuando contemplas, cuando te concentras, te pones en contacto con la Fuente. Eso es lo que en verdad hace falta que hagas: ponerte en contacto con la Fuente, la parte más profunda de tu persona”

El yoga de la disciplina, Gurumayi

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